Diseñado y elaborado por nuestra maestra joyera Blanca Jiménez, participa con esta pulsera en el Concurso de Joyería 2025 del Gobierno del Estado de Guerrero, en el marco del 91° Dia del Platero en la ciudad de Taxco de Alarcón, Guerrero.

"Tlalpilli": "Tial-" es un prefijo náhuatl relacionado con la tierra, y "Pill" significa noble o precioso. Juntos, "Tlalpilli" evoca la nobleza de la tierra y sus frutos, como el cacahuate.
La pulsera Tlalpilli es una pieza que captura la esencia de la abundancia y la conexión con la tierra. Su diseño, a base de argollas engarzadas, crea una estructura fluida y orgánica que se adapta cómodamente a la muñeca. De esta base cuelgan nueve cacahuates de plata detallados, que no solo añaden un toque rústico y original, sino que también son el corazón de su inspiración. Intercaladas entre ellos, once amatistas redondas irradian un brillo sutil y místico, aportando un contraste de color y una energía serena.
La inspiración para la pulsera proviene directamente de la riqueza de la agricultura mexicana y la simbología prehispánica. Los cacahuates son un elemento fundamental en la dieta y la cultura de México desde tiempos ancestrales, representando la fertilidad, la cosecha generosa y el sustento. Al elaborarlos en plata, se eleva su valor intrínseco. honrando su importancia histórica y cultural.

Las amatistas, por su parte, fueron elegidas por su profundo significado en diversas culturas. Asociadas con la calma, la claridad mental y la espiritualidad, complementan perfectamente la robustez del cacahuate. Su tono púrpura evoca la riqueza de la tierra y los misterios de la naturaleza.
El broche formado por la interpretación de un caracol que en su caparazón lleva una piedra cornalina y en los ojos piedra turmalinas, se suma al diseño de la pieza, pues para las culturas prehispánicas, el caracol de tierra, al igual que los caracoles marinos, tenía un significado simbólico importante, asociado con la vida, la fertilidad, la creación y la conexión con el mundo espiritual.
La combinación de ambos elementos, el cacahuate y la amatista, busca evocar la imagen de una cosecha próspera bañada por la luz de la luna o las energías cósmicas, un recordatorio constante de la armonía entre la terrenal y lo espiritual. Es una celebración de la generosidad de la tierra y la belleza de lo natural, transformadas en una joya que cuenta una historia.

Más que joyería, es arte.
